Sobre la fotografía y el propósito
Esta nota está adaptada de mi publicación en Medium. La he editado para esta web, manteniendo intacto el sentido original.
Empecé en la fotografía hace unos cinco años con una Nikon D3100 ya algo vieja. La usaba sobre todo para documentar el equipo de drones de mi universidad: competiciones, fabricación, todo el proceso. No siempre se trataba de belleza estética. Se trataba de conservar lo que había pasado.
Ahí es donde está realmente el arte. Una fotografía, bien hecha, no es un registro de rayos de luz. Es un ancla para la memoria. Cuando vuelves a mirarla, debería evocar algo, como hace el buen arte.
El primer dilema al que se enfrenta cualquier fotógrafo es hasta dónde editar. Ajustas colores, contraste, sombras. Modificas la realidad. La pregunta que viene después es si eso está justificado.
Creo que a menudo lo está. La memoria no es fotográfica. Recordamos una puesta de sol más oscura o más naranja según cómo nos sentíamos ese día. La captura en bruto se pierde eso por completo. Ajustar una imagen para transmitir lo que realmente se sintió en un momento puede ser más fiel a la experiencia que dejarla intacta.
Quitar elementos es más delicado. Si borro a un transeúnte que se ha colado en el encuadre, quien mira la foto nunca lo sabe, y he captado exactamente lo que pretendía. El cerebro hace algo parecido: vivimos situaciones y sencillamente no retenemos lo que no importaba.
Pero algunos elementos son precisamente los que dan sentido a una imagen. Quita al reportero bien vestido del fondo de la fotografía de una catástrofe y habrás cambiado la historia. Ya no estás transmitiendo la realidad; estás difundiendo una versión filtrada por lo que querías que sintiera quien la mira.
Añadir elementos nuevos es donde el dilema se agudiza. Me encantaría fotografiar un avión cruzándose con un pájaro en el mismo plano focal. Captarlo exige paciencia, sincronización y una dosis de suerte que hacen que el logro sea real. El camino fácil es añadir el pájaro con IA generativa y producir algo indistinguible de la foto auténtica.
Piensa en lo que eso significaría. Si los atletas decidieran usar coches en lugar de correr, la Fórmula 1 sería el único deporte. El esfuerzo no es algo accesorio en el atletismo; es el objetivo. La fotografía no es distinta.
La verdadera pregunta
La inteligencia artificial está llevando esta lógica al límite. Si puedo generar una imagen, ¿para qué molestarme en tomarla? Si puedo inventar una historia más atractiva, ¿para qué documentar lo que realmente pasó?
Pero yo no hago fotos por hacer fotos. Las hago para inmortalizar momentos. Y para inmortalizar un momento, tienes que haberlo vivido.
Eso a veces significará editar, quitar ruido, incluso añadir algo que no pudiste captar en el momento. Nada de eso es lo que me preocupa. Lo que me preocupa es la sustitución de la propia experiencia: construir una realidad que nunca habitaste y presentarla como recuerdo.
La pregunta nunca es si es aceptable editar una imagen. La pregunta es si lo que estás haciendo sigue sirviendo a lo que de verdad intentas hacer.
"La fotografía es la historia que no consigo poner en palabras."
Destin Sparks